Desde hace un par de décadas, en la mayor parte de los países de América Latina, Europa y aún en los EE.UU. y Canadá, ha venido apareciendo una preocupación cada vez mayor respecto a la incorporación de temas interculturales en la educación artística.
En algunos casos esto se debe por un lado a la cada vez mayor afluencia de inmigrantes en los países más desarrollados, en otros; específicamente en Latinoamérica a la presión, cada vez mayor, que los propios descendientes de los pueblos originarios ejercen para lograr no sólo el reconocimiento, sino también la sobrevivencia de sus culturas. Por el otro lado se ha enfocado a las artes como un campo privilegiado a ser tratado en los programas y en las prácticas educativas interculturales. Esto involucra varios aspectos, pero sólo me centraré en algunos de los que atañen al currículum y a la formación de docentes, a nivel secundaria, con particular énfasis en el caso mexicano.